Comer comida según las antiguas costumbres es mucho más que alimentarse, es toda una ceremonia evocadora que aviva los recuerdos y que hace pensar en las abuelas. Y por encima de todo significa la lección que van recibiendo las hijas y las nietas para perpetuar las tradiciones que dan sentido y cohesión a su pueblo.
De estas reuniones de cocineras han salido muchas enseñanzas y aquí queremos seguir aprendiendo cómo conservar y desarrollar las artes de la cocina regional. En esta ocasión, la propuesta esencial consiste en reunir a las abuelas con las madres y las nietas, para observar de qué manera natural y enriquecedora se va dando la transmisión de conocimientos y la apropiación de los saberes.
Así podemos observar con las manos en la masa a las mujeres mayores, a las jóvenes y a las más pequeñas demostrando sus habilidades y ofreciendo preparaciones sobre diversos moles regionales, sobre las clásicas corundas y sus panes, los dulces y las conservas de muchos lugares.
La cocina michoacana es una reunión de platillos, sabores, ingredientes y actitudes ue varían de región a región. La tradición culinaria de Michoacán es tan diversa como su geografía o su cultura, los platillos de la Costa son muy diferentes a los de la meseta, y los ingredientes de Tierra Caliente dieren bastante de los utilizados en el Bajío michoacano.
También la historia ha seguido distintos ritmos en Michoacán: en el centro, se desarrolló una tradición indígena milenaria que basaba su subsistencia en el maíz y el pescado, al norte y al oriente las cocinas se enriquecieron con la ganadería y los cereales traídos por los europeos, en Tierra Caliente hubo que adaptarse a las rudas condiciones para sobrevivir, mientras que en la estrecha costa michoacana aparte de de algunas comunidades nahuas aisladas, apenas comenzó a poblarse desde la segunda mitad del siglo veinte.
La cocina michoacana también ha recibido influencias de los estados vecinos, pero no sólo de otras regiones sino que también ha exportado platillos al resto de nuestro país, ése sería el caso de los uchepos, la sopa tarasca, las corundas, los chongos zamoranos, las carnitas y el queso Cotija, que ahora se consumen en casi todo México.
Entonces ¿Existe una comida michoacana? Y si existe ¿Cómo podríamos definirla?, tal vez podríamos considerar como michoacanos todos aquellos platillos que se preparan y han sido creados en la entidad, así sean adaptaciones o recreaciones de recetas que originalmente proceden de otros lugares. O bien la comida que los mismos michoacanos presumen como propia, la que buscan, procuran y disfrutan cotidianamente.
Gloria López Morales
|